¿Cómo se ubica el mandatario colombiano en el ranking internacional?

El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, descendió al quinto lugar en la clasificación de aprobación mandataria de Latinoamérica correspondiente a octubre de 2026, de acuerdo con la firma CB Global Data. Al cumplir dos meses de gestión, el gobernante registró una imagen positiva del 49,7% y una desaprobación del 47,0%, lo que representa una caída de cerca de tres puntos porcentuales en comparación con el sondeo del mes anterior. La medición posiciona al jefe de Estado por detrás de sus homólogos de México, El Salvador, República Dominicana y Costa Rica.

Asimismo, la encuesta coloca a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum al frente de la región con un 69,3% de aprobación, seguida por el mandatario salvadoreño Nayib Bukele con el 68,3%. En contraste, los niveles de respaldo más bajos se registraron en Guatemala, Venezuela y Uruguay. Por su parte, la firma evaluadora precisó que el sondeo contó con una muestra representativa de 3.019 encuestados en Colombia, aplicando un margen de error del 1,9% mediante paneles digitales de recolección de datos.

¿Qué variables socioeconómicas y geográficas influyen en la percepción del gobierno?

Por otro lado, los análisis demográficos de firmas especializadas como AtlasIntel reflejan una marcada polarización regional y generacional respecto a la actual administración. Específicamente, el respaldo al Ejecutivo se concentra en votantes mayores de 25 años y en sectores pertenecientes a la región central y el Caribe colombiano. En contraste, el margen de aprobación registra sus niveles más moderados en la región del Pacífico. Además, la ciudadanía señala la estabilidad del sistema de salud, la contención del desempleo y la reducción de la pobreza como las mayores prioridades de la agenda pública.

¿Qué recomendaciones deben contemplar los equipos de gobierno ante el desgaste de la imagen pública?

Para sostener la gobernabilidad en etapas de ajuste fiscal, los consultores políticos sugieren fortalecer la comunicación institucional, priorizar consensos con la oposición en reformas clave y mantener un seguimiento continuo a las demandas sociales. De este modo, la administración puede mitigar el impacto del desgaste político temprano.